Martes 12.

Me dijeron ‘suerte’ cuando vieron el martes trece en el calendario. Sin saber que, contigo, no hacía falta.

Mi suerte ya eras tú.

Un rincón maravilloso
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Qué bonita la vida.

Qué bonito sentir que la vida te premia. Qué bonito levantarse por las mañanas repleta de perdones. Qué bonito acostarse por la noche cargada de sonrisas. Joder, qué bonito querer y sentirse querida, y a la mierda con el conformismo. Qué bonito haber luchado, haber arriesgado y haber ganado. Que qué bonito el miedo a perder lo que se tiene, cuando lo que se tiene es demasiado. Qué bonitos los retos y las metas, y el sacrificio por conseguir tus sueños. Qué bonito es coincidir, después del desastre, con alguien que al fin te comprende y te valora. Qué bonita mi familia y su empeño en tratarme como si fuera una niña. Qué bonito el orgullo de los que apostaron por ti desde el principio. Qué bonito caerse y que te encuentres con diez manos dispuestas a levantarte. Qué bonito que haya gente que no necesite oír tus explicaciones, porque, simplemente, confía en ti. Qué bonito tu olor a hogar, a honestidad. Qué bonito el orgullo de ver a los que quieres cumplir esos sueños que tanto se merecen. Qué bonito querer sin condiciones, sin medidas, sin exigencias.

Que qué bonita la vida, joder, qué bonita.

Julita Erre

Sí, quiero, verano.

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He decidido comprometerme contigo, verano. Después de tantos meses, me he dado cuenta de que eres tú, que sin ti no puedo estar, que te necesito ahora. Y siempre. Y lo tengo decidido, no puedo esperar más. Por eso hoy digo: “Sí, quiero, verano.”.

Sé que eres tú, sé que no se te puede comparar con el resto y que, sin ti, no soy la misma. Necesito de tu calor, de esa luz que le das a nuestros días juntos. Porque contigo soy capaz de quitarme prendas de ropa sin miedo. Me ayudas a que pueda sentir el mar más cerca, a tocar la arena caliente. Porque hoy digo sí, quiero. Porque me regalas ese atardecer a las diez de la noche, y ese color en la piel que favorece como nada. Qué voy a decir, de las tardes inolvidables que pasamos cuando estas aquí, de esos días de playa, de palas, de cartas, o de simplemente un libro que acompañe. Gracias por traer contigo el helado, y dejar que me lo coma sin sentir ese dolor de garganta. Porque contigo digo “no” a la operación bikini, que ya se me pasó la fecha, y yo te prefiero a ti. Sí, quiero. A ti, a todo lo relacionado contigo.

Sí, a los reencuentros que nos regalas, y a los viajes inolvidables. Sí, a las fiestas que no se olvidan, a las terracitas con música, a no pasar frío haciendo botellón. Sí, al mojito. Y a levantarse tarde, y a no temerle a los lunes. Porque me quitas las clases, y eso es todo un detallazo. Sí, al cartel de “Prohibido decir: la última y nos vamos”. Sí, a dormir en bragas, a los ventiladores, al aire acondicionado, al frescor de una noche tuya. Sí, a reducir el nivel de preocupación, porque con buen tiempo todo se cura. Sí, a cometer locuras. A vivir cada segundo. Sí, quiero.

Sí, quiero, verano. Sí, quiero que llegues ya. Que ya te veo y aun no has llegado. Pero estás ahí, a la vuelta de la esquina. Por eso, sí. Quiero. Porque sé que vas a llegar, porque sé que será inolvidable. Una vez más. Sí, porque tengo preparada mi mejor sonrisa para cuando llegues, porque tú eres único, porque tú me haces feliz. Sí, verano. Me gusta(s). Sí, sí y sí.

Sí, quiero. Y hasta que el otoño nos separe.

Un rincón maravilloso

El verdadero lujo eres tú.

Una hipoteca a plazo fijo con tus ojos. Una habitación con vistas a tu espalda. Un tesoro repleto de gemidos compartidos. Un vestidor de caricias nuevas. Una cuenta la que sumen todos los abrazos que te debo. Una bolsa de miradas en la que cotice la complicidad. Un barco que navegue entre nuestros proyectos en común. Un plan de vida que asegure el respeto. Unas vacaciones enredada en tu pelo. Un perfume que conserve el olor de tus camisas. Un paseo por los surcos de tus arrugas de reír. Un diván lleno de anécdotas hasta la vejez. Y el dinero justo para descubrir un nuevo destino juntos, para comprar un sofá en el que vivir abrazados, para llenar el estómago con comidas para dos, para alquilar un estudio en el que siempre huela a hogar.

Nunca pondría en venta el amor que me tienes, no existe dinero que compre lo que te quiero.

Dime, cariño, ¿quién quiere lujos materiales habiendo encontrado el amor?

Julita Erre